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Diseñando lo invisible

Diseñando lo invisible

A muchos de nosotros nos fascina el mundo de la arquitectura, muchos ansiamos poseer objetos diseñados por los "grandes" y a todos nos encanta pasear por el mundo, sus ciudades, y admirar sus obras materiales. Pero la mayoría de las veces, estas obras, no están integradas en nuestro hábitat, son entes a parte, son objetos de culto.

Creo que la primera condición para el ejercicio de un buen diseño arquitectónico es comprender que intervenir sobre el hábitat no es crear un objeto sino un entorno. No se trata de una "cosa" sino de un contexto en que se produce el conjunto de comportamientos humanos que denominamos "vivir". Por lo tanto, poner en práctica esta convicción supone abandonar el culto a "la obra".

Crear un entorno adecuado, implica opner en acción una sensibilidad capaz de prever las condiciones óptimas de habitabilidad: preveer una escena y arreglar el escenario. Crear un espacio que madure, profundice su sentido con el uso y envejezca felizmente junto a sus moradores.

La intervención sobre el hábitat obtiene su máximo nivel de logro cuando alcanza la naturalidad. Lograr esta naturalidad es lograr que se autoexpresesn el sujeto y el objeto y, básicamente, la relación entre ambos, es decir, intervención sin que se note la intervención. Decía Proust que "una obra donde hay teorías es como un objeto sobre el cual se deja la etiqueta del precio". Con el hábitat ocurre lo mismo: un espacio en que se ve la idea del autor, su mercancía, es un espacio que jamás logrará ser real, o sea "natural".

Obtener la naturalidad artificialmente, es difícil y complejo, habría que hacer una doble interpretación: del sujeto y del espacio. Una interpretación del usuario, de su manera de vivir, y una interpretación de las preexistencias arquitectónicas para garantizar la naturalización de la propuesta.

Dice un proverbio oriental que "merece quedarse ciego quien vea los hilos de las marionetas". Podríamos completarlo creando otro, legítimamente simétrico: "merece quedarse sin manos aquel que no vuelva invisibles los hilos de sus marionetas". El arte del titiritero, como todo arte, se construye en el espacio de inserción perfecta entre materia y sentido, entre las marionetas y la imaginación del público. Sin esa inserción, no es posible la ilusión, que no viene de la obra, sino del reflejo, en ella, del sujeto que la observa. Es el caracter ilusorio de la cultura.

Conseguir arficialmente la ilusión de naturalidad es, en el fondo, la esencia universal del arte.

 

El vídeo del viernes, en unvlog.com

6 comentarios

isabl -

Muchas gracias Mark, un placer igualmente :)

Mark -

Lo había pensado, aunque en términos mucho más vulgares y sin la calidad de pensamiento que presentas en tan hermoso post. Un placer conocerte en Madrid!

Esteban -

Impresionado por tan certera reflexion

isabl -

Qué sabio era el zorro... como dices bocadorada, lo importante siempre, es lo que no se ve, lo inmaterial,la esencia de las "cosas" ...

Gracias Miguel, simplemente observo

BocaDorada -

Un espacio que está bien no es obvio. El zorro le dijo al principito que lo esencial es invisible a los ojos.

En la cocina también ocurre, una buena presentación es importante, pero lo importante es otra cosa, no sólo lo que ves, ni siquiera el olor, el sabor, o la textura, lo importante son las sensaciones, los recuerdos, las emociones…

Me ha encantado el artículo.

Miguel -

Creo que nunca había leído tanta verdad sobre mi profesión en alguien que no la ejerce.

Chapó!