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24/06/2008
de desconferencias y conferencias

Últimamente tengo bastante abandonado este pequeño rinconcito, y ahora que lo he recordado, voy a actualizar.
El sábado pasado estuve participando en la Desconferencia, y ¿qué es eso?, pues es "una conferencia desde abajo, dónde los mismos asistentes son los que definen los temas, y el interés del público limita las discusiones posteriores."
- 25 asistentes = 20 ponentes + 5 voluntarios
- 20 ponentes, 7 minutos por ponencia y 5 minutos para discutir
- 5 “voluntarios”
Los asistentes fuimos los siguientes:
y como voluntarios:
- Quino Terceño
- Juan Pablo López
- Daniel Calderón
- Oscar Guevara
Un día bastante enriquecedor, con ponencias de todo tipo. La mía versó sobre diseño e inspiración. Fue grabado y fotografíado, cuando estén disponibles los vídeos, los enlazaré.
Y mañana me voy a Copenhague, para asistir al Reboot 10. 2 días, 500 personas de 25 paises hablando de tecnología y de los cambios que nos rodean, suena bien ¿eh?.
A la vuelta os cuento, lo prometo.
24/01/2008
Sociedad, cliente y profesional

No es novedoso mi interés por el mundo del arte y en particular por el mundo de la arquitectura. Fascinada por muchos arquitectos, hoy escojo a Charles Eames , gran arquitecto y diseñador, el cual nunca fue un esnob intelectual, y nunca malinterpreto la realidad del trabajo de diseño. No voy a comenzar a citar sus destacadas obras de equipamiento para oficinas, pero en ellas se concibió el arquetipo de la oficina moderna.
Madame Amic en ocasión de su exposición "What is design?", le preguntó:
-¿Considera Ud. que ha podido ejercer la prefesión del "diseño" en condiciones satisfactorias o, incluso en condiciones óptimas?, a lo que él, respondió, con un rotundo:
- Sí.
Eames era un amante de la "teoría de conjuntos ". Representó en tres conjuntos superpuestos:
1. los intereses del estudio de diseño
2. el interés del cliente
3. la sociedad, entendida como un todo.
Él llegaba a la conclusión que en el área de solapamiento de los tres conjuntos, en esa área, es donde el diseñador puede trabajar con convicción y entusiasmo. Apúntaba, que los tres conjuntos no son estáticos, y crecen y se desarrollan por influencia del resto de conjuntos.
Lo que nos puede llamar la atención de este elemental modelo, es un simple producto del sentido común. Pero si lo analizamos a detalle, el modelo se exhibe como profundo y describe la realidad eficazmente. Es elemental, pero completo y riguroso, y por todo ello, implacable.
Eames propone al diseñador concentrarse en la zona de la triple intersección, hablando claro, ponerse en el lugar del cliente, ponerse en el lugar de la sociedad y ponerse en su propio lugar: por lo tanto, existen tres universos que me condicionan y, por lo tanto, he de pensar triplemente.
Transcribo parte de una entrevista a Charles Eames:
-¿El diseño obedece leyes?
-¿No tiene bastante con los condicionamientos?
-¿Cuál es la relación del diseño con el mundo de la moda (las tendencias corrientes)?
- Los objetos de la moda normalmente han sido diseñados teniendo in mente el particular condicionamiento de la moda
-¿Es el diseño efímero?
- Algunos necesidades son efímeras. Muchos diseños son efímeros.
-¿Debe tender hacia lo efímero o hacia la permanencia?
-Aquellas necesidades y diseños que poseen una cualidad más universal tenderán a la permanencia.
-¿A quienes se dirige el diseño?: ¿al gran número (las masas)?¿A los especialistas o amateurs entendidos?¿A una clase social privilegiada?
-A la necesidad.
La profesión del diseñador queda así perfectamente delimitada y la auténtica vocación profesional queda identificada con la voluntad de servicio.
Así que dejemos a un lado vanidades, no miremos tanto nuestros ombligos y admitamoslo de una, estamos aquí para ofrecer un servicio que satisfaga a los demás, y es algo que reconforta. Tenemos un buen trabajo, por lo menos, yo así lo creo.
Os dejo el vídeo "Powers of Ten", realizado por al oficina de Eames, (dura casi diez minutos)
11/01/2008
Diseñando lo invisible

A muchos de nosotros nos fascina el mundo de la arquitectura, muchos ansiamos poseer objetos diseñados por los "grandes" y a todos nos encanta pasear por el mundo, sus ciudades, y admirar sus obras materiales. Pero la mayoría de las veces, estas obras, no están integradas en nuestro hábitat, son entes a parte, son objetos de culto.
Creo que la primera condición para el ejercicio de un buen diseño arquitectónico es comprender que intervenir sobre el hábitat no es crear un objeto sino un entorno. No se trata de una "cosa" sino de un contexto en que se produce el conjunto de comportamientos humanos que denominamos "vivir". Por lo tanto, poner en práctica esta convicción supone abandonar el culto a "la obra".
Crear un entorno adecuado, implica opner en acción una sensibilidad capaz de prever las condiciones óptimas de habitabilidad: preveer una escena y arreglar el escenario. Crear un espacio que madure, profundice su sentido con el uso y envejezca felizmente junto a sus moradores.
La intervención sobre el hábitat obtiene su máximo nivel de logro cuando alcanza la naturalidad. Lograr esta naturalidad es lograr que se autoexpresesn el sujeto y el objeto y, básicamente, la relación entre ambos, es decir, intervención sin que se note la intervención. Decía Proust que "una obra donde hay teorías es como un objeto sobre el cual se deja la etiqueta del precio". Con el hábitat ocurre lo mismo: un espacio en que se ve la idea del autor, su mercancía, es un espacio que jamás logrará ser real, o sea "natural".
Obtener la naturalidad artificialmente, es difícil y complejo, habría que hacer una doble interpretación: del sujeto y del espacio. Una interpretación del usuario, de su manera de vivir, y una interpretación de las preexistencias arquitectónicas para garantizar la naturalización de la propuesta.
Dice un proverbio oriental que "merece quedarse ciego quien vea los hilos de las marionetas". Podríamos completarlo creando otro, legítimamente simétrico: "merece quedarse sin manos aquel que no vuelva invisibles los hilos de sus marionetas". El arte del titiritero, como todo arte, se construye en el espacio de inserción perfecta entre materia y sentido, entre las marionetas y la imaginación del público. Sin esa inserción, no es posible la ilusión, que no viene de la obra, sino del reflejo, en ella, del sujeto que la observa. Es el caracter ilusorio de la cultura.
Conseguir arficialmente la ilusión de naturalidad es, en el fondo, la esencia universal del arte.
El vídeo del viernes, en unvlog.com